se encuentran dos sendas definidas:
la senda de nuestros aciertos mejores
y la senda de nuestros errores peores.
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En la primera, se aprende por elección,
mas, en la segunda, está la duradera lección.
Los errores, aunque sean dolorosos,
son sabios maestros y, al fin, generosos...
que nos enseñan, penosamente, a crecer,
a ser fuertes, en una dura manera de aprender.
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En oscuridad, encontramos conocimiento,
y en su dolor, la fuerza del razonamiento.
Es la oportunidad de comenzar de nuevo;
es el arma secreta para llegar a ser longevo.
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Así que a los errores no temamos;
en ellos está la sabiduría que precisamos.
Se aprende más de errores que de aciertos,
porque en ellos se esconde...
¡el secreto de no estar muertos!
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Eduardo Faucheux
03-04-2025