Trázame en tu aurora
Decántame en la copa de tu aliento,
sé vino antiguo en mi garganta herida,
declárame vestigio del momento
donde tu sombra se volvió mi vida.
Y tiéndeme en la hoja tibia del viento,
escribe con caricias mi destino,
haz que mi pulso imite el movimiento
del mar danzando al borde de tu ombligo.
Sutura mis silencios al vestido,
perfuma mis inviernos con tu risa,
sé brújula en mi pecho sin sentido,
hogar en medio de la noche fría.
Y si algún día el tiempo ha de extraviarme...
guárdame donde el aire duerme y arde.
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Para entender el amor
El amor no es un ave, es contrabando,
que se cuela en el pecho, silbando y temblando.
No es rosa ni espina, ni dulce ni hiel:
es truco elegante con trampa y tropel.
Dicen que es mariposa, que roza y se esfuma,
pero a mí me picó como abeja de espuma.
Otros juran que es vino que embriaga la vida,
pero yo lo bebí… y firmé mi caída.
El amor es un juego que inventa el destino,
un mago sin manos, un salto sin tino.
Es besar una boca pensando en la huida,
y dormir con un alma… que nunca fue mía.
A veces se viste de gala y de verso,
otras llega en chanclas, borracho y disperso.
Te canta al oído que todo está bien,
mientras roba tu ropa… y tu fe también.
¿Qué es el amor? Una guerra brillante,
con sábanas blancas, un duelo vibrante.
Un dios sin plegarias, ladrón de sombrero,
que te deja desnudo… y encima, sincero.
Lo llaman ternura, lo pintan de cielo,
pero es un incendio vestido de anhelo.
Un tango con muerte, un vals con dolor,
una risa nerviosa que huele a sudor.
Y aun así lo buscamos, lo invocan, lo invito,
aunque llegue en pedazos, con tacto maldito.
Porque el amor, amigos, no tiene sentido…
pero es lo más cuerdo que ha hecho el instinto.