OscarCampos

La estaciĆ³n

La ciudad,

sus voces parecen tener hambre,

caen de rodillas ante lo visible.

Pero en silencio,

hay habitante que sangran.

Hay habitantes que esperan

que la feria deje las sobras.

 

Una uva se desprende del racimo:

“Tu falta de éxito

parece un animal herido.

Pero nadie conoce tu rostro,

que se desvanece en una sombra

que no es la tuya.”

 

¿Quién recuerda a los que no están en la cima?

Pero,

 el aprendizaje florece en las derrotas,

el aprendizaje crece sin aplausos,

como una raíz silvestre en un camino.

 

La ciudad grita cuando quiebras una rama,

pero calla cuando el fruto crece.

Sus ojos no ven caer tu mantra,

tu intimo rito de resistencia.

 

El exitismo es un pan que se quema en el tiempo. A veces, se ignora por que se aplaude. Así la multitud alimenta su propia ausencia. Piedra tras piedra, la ciudad camina sobre verdades parecidas a hojas secas.

No ven las manos rotas de siglos de caída.

¿Quién tira la última piedra?

 

Hay arboles que luchan por sus frutos,

hay flores que resisten por sus pétalos.

El viento solo es la fugacidad

 que regresa como el dolor,

cuando la herida ya ha cerrado,

como el polvo vuelve a la tierra.

 

Las caídas transforman la vida,

a veces la muerte,

a pesar de todo,

 no es desaparecer.

 

Dice la flor:

“Quizás todo es un ciclo sagrado,

que no cambia,

por un aplauso,

ni por una piedra lanzada al aire.”