Me extrañarás cuando muera
y sientas el cruel vacío;
me extrañarás, amor mío,
si no tienes quién te quiera.
Y en la noche, venidera,
cuando mires un lucero,
ya no escucharé un te quiero
ni podré, mirar tus ojos,
ni tus lindos labios rojos
por los que hoy me desespero.
Y te dolerá mi ausencia,
mis sonrisas, mis locuras,
junto con las amarguras
que viviste con frecuencia.
Sentirás, que mi presencia,
te hará falta cuando calles
recordando los detalles
y lugares, conocidos,
donde siempre, muy unidos,
transitamos por los valles.
Cuando muera, la tristeza,
te hará presa junto al llanto
y quizás, un cruel quebranto,
te golpee con dureza.
Vida y muerte, son simpleza;
vida y muerte es el camino
porque no hay otro destino
y no digan: ¡fatalista!,
si es mejor ser realista
que engañar como un cretino.
Solo pido, nunca implores,
por lo que es desconocido
si es mejor que lo vivido,
lo recuerdes, cuando llores.
Y tampoco lleves flores
al sepulcro donde habite
mi esqueleto, que dormite,
en la tumba a que se aferra
en proceso con la tierra
a la que él se supedite.