Acevedo M.

Lamentos

Eres el sol que nunca titubea,
una estrella inmortal en mi firmamento,
un faro de luz en la marea
cuando el mundo se viste de tormento.
Fuiste un jardín que solo daba girasoles,
raíces de amor, sinceras y puras,
pero fui el viento que trajo dolores,
fui el invierno que hirió tus alturas.
Eres un río de aguas tranquilas,
sin doblez, sin máscara, sin mentira,
y yo, torpe piedra que en su orilla
quebró la armonía de su melodía.
Me arrepiento, como el mar a la luna,
como la noche que extraña su estrella,
quisiera volver, ser brisa y fortuna,
ser quien te cuide, quien sea tu huella.
Prometo ser tierra que nutra tu cielo,
ser primavera en tu amanecer,
prometo aprender de todo este duelo
y nunca más hacerte caer.
Si aún hay un rayo de luz en tu alma,
si aún queda un eco de cariño en tu piel,
déjame quererte con calma,
déjame ser quien debí ser.