Seremos extraños que no quisieron serlo, desconocidos que se conocen todo, gentes ajenos que no lo son, que identificarían los ojos del otro aún en un mar de gente, sabrás cuánta azúcar le pongo a mi café y yo tu gusto por el té, te irás, me iré, caminaremos tomados de la mano de otro que si es un extraño, que no conocemos, que nos besa y cuando llegue la noche nos preguntaremos en la mente ¿si el otro está bien?, que miedo. Seremos extraños, tu piel habrá cambiado, tus gustos y todo será diferente menos eso que te sé y que tú me sabes y que no contamos a cualquiera, cambiarán nuestros cuerpos, tú serás más alta yo un poco más moreno, pero se quedará nuestra alma como paralizada en el tiempo y será esa la que reconoceremos, lo unico por lo que no seremos extraños del todo incluso la vida habrá perdido en su misión de querer hacer odiarnos, distanciarnos, olvidarnos igual ya no hablaremos no sabré de ti, ni tú de mí, pero nos sabremos todo, voltearas a la luna y a miles de kilómetros lo haré yo también (ojalá no tantos) y en ella, indirectamente, casi nada, falsamente, poéticamente, sin saberlo, se cruzarán nuestras miradas viendo la misma luna sabiendo al fin pero ya tarde que no estábamos tan lejos, las miradas de dos extraños, que en el fondo mucho se quieren y que de extraños tienen poco, pero al final extraños si, un extraño modo de amarse, de quererse, de extrañarse, de odiarse, de distanciarse pero extraño si, aunque sea raro como sus dueños, aunque sea a lo lejano, amando a un desconocido que en algún momento estuvo muy lejos de serlo.