Nada queda...
solo guijarros de vasijas rotas
Miradas distantes de una larga ausencia
Las horas volubles de un reloj de arena
que volaron dispersas en las brisas de Abril
Quedan los sueños vacíos de un romance trunco
cual débil manojo de rosas que muere al nacer
Las cuerdas de un violín con arpegios rotos
que ya no tocará en nuestra marcha nupcial
Nada queda...
solo remanentes de un paraíso azul
Las guerras perdidas de un general legendario
que postrado en su hamaca llora su desazón,
el ímpetu de las olas golpeando el espolón
Quedan las efemérides de hermanos queridos
que nunca volvieron al seno de su hogar
Quedan los ecos de voces conocidas
que ya no me llaman a jugar en el solar
Nada queda...
solo el perdón de las ofensas recibidas
La nostalgia de un pueblo al que nunca volveré
Las odas de un manuscrito ajado por el tiempo,
sobre la hojarasca grisácea de un otoño cruel
Queda la voz querida de mi padre,
suspendida en los vados de caminos polvorientos
Quedan las puertas de mi lejana casita blanca,
abiertas para siempre, esperando mi regreso.