Paulo Cristodero

EL PESAR DE UN ADIÓS

Fueron pocas la palabras dichas.

Palabras que redundaron en el pesar;

esas que suscriben un adagio y un

adiós insoslayable.

El rimel se montó sobre una lágrima

que correteó por su mejilla, emulando

cenizas de un fuego extinto.

Su presencia se esfumó.

Mi conciencia estalló en mil  pedazos;

el delirio socavó mi alma 

jugando con la muerte y la

resurrección.

Me remonté como un cometa para

buscarla.

La vi en la playa.

Lucía un vestido blanco;

su torso: gris azulado.

Caminaba a paso de ave por la orilla,

imagino, arrojando sus últimos sueños

a la ingrávida espuma.

El viento recogió mágicamente su

cabello, alzó el vuelo,

y se perdió en el cielo como una gaviota.