Hoy he presenciado, el espectro de la violencia.
Acá se observaba, la oscura y aparente quietud.
Las sombras de la noche escondían la indolencia.
El fantasma de la ignorancia, se llevó la rectitud.
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La gente observa el vil acto, con crasa ignorancia.
Muchos ríen como, si estuvieran, en un escenario.
Ninguno actúa, para evitar esa inmensa desgracia.
El mismo Cura, mira el acto, desde el Campanario.
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Las leoninas escenas, del Circo de Roma, reaparecen.
Un furibundo animal de dos patas, ataca a su presa.
La muchedumbre excitada gruñe, ya lobos parecen.
Al parecer, es el hábito y no es, para nadie, sorpresa.
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¡El valor a la vida y el respeto a lo humano, se perdió.
Hoy la Ley y su sagrada aplicación, también, se murió!