Ya la soledad
ha entrado a mi rincón
agitando como ave
sus alas de otoño.
Tranquila soledad, dulce y sana,
tu aliento es de paz
y tu presencia de olvidos.
Me olvido pues del mundo,
me olvido que existo
para escuchar los vientos
de frescos amigos.
Amigo los prados, las sombras,
la alegria del sol, la romántica luna,
las húmedas hierbas
regadas por el amor de las lluvias.
¡Soledad divina!
muéstrame tus alas silenciosas
de paz en mi vida,
cubre mi techo
con rocíos de olvidos.