Hemos gastado todas las palabras;
que fueron inventadas en el castellano.
Ya no existen pretextos para hablarte;
a parte de que una vez al año es nuestro cumpleaños.
Somos ajenos pero no cabe mencionar;
que a pesar de nuestras circunstancias a veces te extraño.
Quisiera hablarte y poder decir,
como en realidad me siento.
Pero me vuelvo cobarde y termino por desearte un feliz cumpleaños.
Igual te pasa a ti.
Por eso ya no me buscas en Navidad;
ni en la noche de Año Nuevo.
Se nos han acabado todas las palabras…
y ahora nos hablamos en un sueño.
Ahí nos podemos querer una y otra vez;
el único que se interpone es el reloj.
Al despertar, me quedo sola sin ti.
Con ganas de decirte lo mucho que he deseado en volverte a ver
y que me hables de tu vida.