JAVIER SOLIS

ATARDECER

Era una tarde de invierno

el tiempo derramaba lágrimas

el Sol colgado del cielo

se acercaba al triste ocaso

 

Caminaba solitario por el malecón

contemplando por última vez

rumbo a un viaje sin retorno

la vida ya no interesaba.

 

Sus pasos vacilantes y ebrios

sonaban huecos, vacíos, lejanos

golpeaban las baldosas silenciosas

marcando su último viaje al mar.

 

Decidido y sin remordimientos

sus pies se hundían lentamente

en las turbias aguas del salado mar

eran sus tercos pasos postreros

 

Llegaba ya a la cintura la caricia de las olas

cuando vio dos brazos femeninos

se agitaban desesperados batiendo las olas

nadó frenéticamente para salvarla.

 

Con enérgicas brazadas una vida salvó

era una dama tan hermosa como el alba

quería morir, pero tuve miedo gimió

hundida en amargo llanto

 

Oh! Azares de ingrato destino

también yo iba a lo mismo

la vida ya no es para mí

el silencio y la soledad son mi tumba

 

Abrazado a su salvador, imploraba perdón

el rendido ante tal belleza, juró amor eterno.

La vida tiene designios inesperados

Que la muerte no puedo ocultar.

 

Lima, 2 de abril de 2025

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