(Soneto sáfico)
¿Dónde andarás ahora, flor de estío?
Pléyade ornamentada en la ternura.
Tú, que te vuelves vicio en mi locura.
¿Dónde te encuentras cándido rocío?
He de buscarte al goce de mi brío
siendo tu amante presto en tu dulzura,
labio abnegado al beso de ventura.
¡Dónde te encuentras, ninfa!, pues te ansío.
¡Vuélvete manto cálido en mis labios!
Boca azarosa al raz de mi caricia,
tú, que te vuelves fémina primicia.
¡Vuélvete todo el oro en mis agravios!
Yo que me entrego al flujo de tus mares.
Déjame ser carmín, tus luminares.