La esperanza me hiere
Los latidos se frenan,
La felicidad se muere
En un grito sin pena.
Las palabras se cierran
Mas mi boca me estalla,
De un grito se ciernan
Sin ninguna esperanza.
Pues no sé qué digo
Ni lo que yo menciono,
Esto es un desperdicio
De lágrimas que aprisiono.
En una mente en luto
Por alas que eran de oro,
En un velo obscuro
Por un grito hecho coro.
Sin ninguna añoranza
Por nadie recordado,
Sin ninguna paciencia
Por el aire acobijado.
Sin ninguna tristeza
Por el mundo quitado,
Sin ninguna silueta
De mi ser más amado.
En una montaña de espejos
Donde solo yo me veo,
En una cúspide de deseos
Que solo yo contemplo.
La mayoría rotos por dentro
Pues eran de esmeralda,
Otros quebrados por el centro
Donde yacía mi confianza.
En un mundo de reflejos
Donde el mal se asoma,
En un cielo de muertos
Las almendras son aroma.
Gritos de un desahuciado
Que han de volar al cielo,
Rezos de un desquiciado
Que esculpen mi subsuelo.