Imperceptible se pega al fósil de un recuerdo.
Los muros hielan y se elevan en esa tierra baldía,
como invisible al apetito de una ballena azul
rueda la existencia y ya no es la cachanilla para construir la choza,
se desnudó la casa, dejó ver sus cimientos.
El aroma acogedor del pan ha menguado.
Cada araña se acuclilla en su rincón,
ya nadie hace su ruego en lo oculto,
se apagaron los incensarios.
¿A dónde se fueron las abejas?
Hay insecticidas desvirtuando la danza.
Como una luna fría que se convirtió en anillo,
deslumbra desde la distancia pero no lo sabe;
le es más fácil girar alrededor
que poseer ese microorganismo amoroso
que enajena con su lumbre extraña.
¡No, no mires a los lados!
que frente a ti quedan los rescoldos
que te cantan alguna nana
de aquella tibieza que se niega a morir.