Hay una mujer doblando las esquinas, una sombra de luz que se alarga a cada lado
Hay un vaivén de caderas que no cesa y dos piernas que marcan el ritmo del ocaso.
Hay un aroma de noche y primavera, un cuello que se alarga por los prados.
Hay una piel pintada de luna y dos lunas en un pecho murmurando.
Hay una voz sobre todas las voces y un par de manos donde el día se hace blanco.
Hay una flor que suspira entre dos labios, un beso que vuela y que aún no ha sido dado.