William Pérez Mederos

Recetas para todo, menos para vivir

 

 

Si te duele la cabeza:

ibuprofeno.

Si no puedes dormir: magnesio o 

melatonina

Si estás triste:

fluoxetina o “piensa positivo”.

Si engordas:

quita el pan y la azúcar 

Si adelgazas:

haz batidos con aguacate y chía.

Todo tiene receta,

todo viene en cápsulas, gotas o aplicaciones 

Menos la paz.

Llevamos a cuestas más accesorios que una máquina de coser.

Las dietas prometen salud,

los nutricionistas dividen el plato

como si la vida cupiera en cuatro colores.

Pero nadie te pregunta

qué fue lo que se rompió adentro.

Ni qué parte de ti

dejó de sentirse completo.

Y así vivimos:

recetados,

contados,

medidos,

prohibidos.

Comiendo sin hambre,

corriendo sin rumbo,

pensando que sanar

es cuestión de gramos, pastillas

o meditación de incienso.

Pero la verdad es otra:

el cuerpo no miente,

y el cuerpo 

no se cura con etiquetas.