Tus ojos carmesíes incineran
todo lo negro de mí,
haciéndome ver a los demonios
como simples conejos.
Tu simple toque destruye
esa capa de suciedad y ansiedad,
porque contigo siento esa maldita
conexión de manera genuina.
Mi sangre se vuelve una con tus sentimientos,
tu corazón es mío,
pero siento cada vez más tu pulso frío;
me dicen que no morirás, y confío.
Querida, no me darás la espalda ni te irás lejos,
lejos, lejos, fuera de mí.
Querida, por favor, si vas a morir,
llévame contigo para no quedarme atrás.
Te quiero, pero no puedo hacer nada mientras mueres
lentamente en mis brazos.
Te amo y te doy de mí en cantidades grandes,
pero el aroma a muerte es cada vez más feroz.
Llevo teniendo tu cuerpo en mis manos por otro día más;
la noche nunca termina,
las lágrimas congeladas en un espacio donde
cada princesa muere en segundos.
Nos aventuramos en este camino hacia un amor genuino
y terminamos atrapados,
heridos, goteando sangre, hasta que llegamos al final,
donde uno siempre muere…
Y esa eres tú.