La nostalgia reprimida avasayaba mi voluntad,
y vagaba sin hayar lugar ni calma cual huracán...
El cielo abierto era una amenaza de tronada,
y un agua gélida se cernía sobre esta morada...
Pero desde lejanías ignotas mi voz vino sola,
cayó del pico de un pájaro como ramita rota;
y ahora soy ese fresco viento que me yeva adonde
otra distinta o el eco de la mía parece que responde