Hernán Mejía Silva

EL ÚLTIMO ATARDECER

Estaba al final del puerto,

el esplendor de un grito mudo sonando,

el sol recostado sobre el vientre del mar,

por un lado la belleza, por el otro, el olvido.

 

La estrella se fue en un descuido,

se diluyó en precipicio lunar,

el frío cielo y la arena brillando,

me perdí en la contemplación del momento.

 

Podría hablar de colores infinitos,

en colisión con sus solsticios,

las aguas un poco más quietas,

durmiendo en sus tormentas.