En el umbral precioso que la estancia enseña,
dos golondrinas cantan con acento melodioso.
Y es tan místico su canto que en la pequeña
estancia, se aduermen como niños bien dichosos.
Vuela el pensamiento por el azul ilusionado,
se despiertan asombradas las flores del verano,
se levanta de su nido el ruiseñor enamorado
y nace, lentamente, la leyenda de un amor arcano.
Se alumbra el horizonte, se alegra y se despierta
y brilla en la penumbra una luz crepuscular.
Todo está inundado de una paz tan quieta
de aquellas golondrinas que viven su cantar.
Cómo quisiera que fuera así mi vida,
vivir siempre cantando sin pensar en el sufrir.
Solo Dios sabe cuan profunda es mi herida
y que aún sigue sangrando y que aún puedo sentir.
De pronto, como si fuera un sueño en mi creado,
aquellas golondrinas se aduermen en mi ser.
Descubro entonces que mi herida ha sanado
y canto junto a ellas, canto de placer.