Empieza el día,
pequeño caracol,
y ya amanece.
Hoy, tu figura,
despierta, nuevamente,
a mis latidos.
Una sonrisa
me viene hasta los labios
y te saludo.
Vas con tu casa,
y en ella tu refugio
para vivir.
Nada te sobra
y nada te molesta,
eres valiente.
Sales con sol;
también tras la llovizna
subes paredes.
Algunas veces
del techo, te rescato,
por imprudente.
Y la sonrisa
que sale de mi pecho
es por tu culpa.
Tú eres la causa,
la esencia y el motivo
de este poema.
Rafael Sánchez Ortega ©
18/04/25