La visita

Eric Lenin Camejo Ocaña

De pronto y sin alguna buena razón

Una esperada amiga, por fin me visito

Más vaya, una gran sorpresa se llevo

Pues le dieron ahí mismo, mi nueva dirección.

 

De prisa, corrió a donde estaba mi morada

Y la vio blanqueando, Justo bajo un árbol

Era una lapida, recién esculpida en mármol

Y  pensó: muerto hoy… ayer lleno de vida estaba.

 

Después de hacer por mí una bellísima oración

A la sombra del viejo y frondoso árbol se sentó

Pensativa, y llorosa, por un momento dormito

Y al creer escuchar mi voz, presto atención. 

   

Que pasa, amiga, ¿por qué te veo  tan triste?

Le salude, mientras que hacia ella caminaba

Me vio y sonrió, al tiempo que preguntaba

¿Cómo? ¿estas aquí? ¿es que acaso no moriste?

 

¿Qué es morir? conteste, mientras un beso le daba

Sino tan solo, un cambio de estado necesario

Pues nada mata más, que el tedio diario

Además que de mí, en vida nadie se acordaba.

 

En cambio aquí, le señale, mientras alegre reía

A diario recibo, como nunca  mil visitas

Mis hermanos, mi madre, mi prima margarita

Tú, Ernesto, Marce, y gente que yo ni conocía.

 

Hoy  me doy cuenta, y veo cuan equivocado estaba

Pues mira,  llegue a pensar que nadie me quería

Más lo juro, hubiera preferido, cuando vivía

Sus muestras de cariño, afecto y palabras atrasadas.

 

Pues todas las plegarias que hoy, hacen por si acaso

Y las lágrimas, que todo aquel que viene aquí derrama

Hubiera yo querido, enfermo, allá mí en cama

Cambiándolas  gustoso, por un muy fuerte abrazo.

 

Sin embargo tus líneas, como siempre me llegaban

Y las cosas que escribiste, todas fueron buenas

Agradezco tu escritura, tan clara y  tan serena

Que en mis noches de agonía, mis dolores aliviaban

 

Escribiste, muchas veces, acerca de la decencia

Mencionabas  también, por horas la amistad

Sin ser malagradecido, y lo juro, no es maldad

Hubiera preferido, diez segundos de tu presencia

 

Más quiero pedirte algo, sin un ápice de pena

Pues recuerda, fui tu chambelán allá en tus quince

Concédeme otro vals, pero ahora sin berrinche

Pues ya no mirare, a la guapa María Elena.

 

Y sonaron aquellos gratos acordes, en su mente

Dios nunca muere, inundo  todo su pensamiento

De nuevo bailamos, y rio y lloro de sentimiento

Pues junto con el vals, terminaría un buen presente.

 

Y ella dijo, llorando, hoy mucho me arrepiento

Que mis sentimientos hacia ti, yo me callara

Pensando en el que dirán, viví siempre amargada

Y ese fue el Motivo, de nuestro distanciamiento.

 

Hay, si me fuera posible echar hacia atrás el tiempo

Seguramente, decía, estaría contigo a diario

Me abrazaba y se apoyaba en mi hombro imaginario

Y volcaba inútilmente, todo su sentimiento

 

Por favor, no hablemos dije  ya, de cosas tristes

Pues aquí donde estoy, no hay cabida para eso

Despidámonos pues, para siempre, con un beso

Quedo eternamente agradecido y muy feliz, porque viniste.

 

  • Autor: Eric Lenin Camejo Ocaña (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 7 de noviembre de 2011 a las 02:01
  • Comentario del autor sobre el poema: El mensaje es claro, expresemos nuestros sentimientos hoy, ya que mañana tal ves no estemos.
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 74
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