Desbocado te buscaba
como un caballo de luz
que cabalga cielo arriba
al encuentro de los astros.
En la claridad de tus ojos
trataba de aposentarme,
refugio de los relámpagos,
guarida de un mar azul
que espera la ola en celo,
en la latitud de sus labios.
No supe cómo llamarte,
llama de mayo en tu nombre,
surcos de lumbre mis venas
caliente mi sangre huía
hacia tu nombre sin nombre.
Algo de mí olvidaba
bajo el amor de mi ser:
calendarios sin respuestas,
vahos de espejos y lunas,
adjetivos de un diluvio,
extensiones de un ayer
y en medio de tanto escombro,
un espectro de mujer.
A ti, que no te conozco,
incógnita de pelo rubio
que eres visión momentánea,
deseo de un corto minuto,
apenas un pasatiempo
de mi hastío extravagante,
de mi edad aborrecida
de un tiempo a esta parte,
sin embargo, me asombraba
de poder sentir tu aliento
desde tu puesto de musa
hasta mi asiento de vate.
Sin oír jamás tu voz
imaginé tu lenguaje:
tu verbo de rosa blanca,
tu acento de roja sangre.
Entonces caí en la cuenta
de que a través del silencio
un temblor me florecía
desde la raíz de la medula
hasta la rama del alma.
De pronto sin decir nada
apuraste tu café
y pasaste por mi lado
como una gota de lluvia.
Mis ojos te persiguieron
como leones redondos
hasta que cerraste la puerta
y desapareciste en la calle:
Rompiste conmigo, amor,
cuando a punto estaba de amarte.
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Autor:
FRANCISCO DE NERVAL (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 31 de mayo de 2013 a las 18:06
- Categoría: Amor
- Lecturas: 107
- Usuarios favoritos de este poema: Luzbelito, Alejandrina, Murialdo Chicaiza
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