La Desconocida

Jercent

Acababa de abordar un barco de carga en un viaje de trabajo del cual no había podido zafarme. Nunca había estado  tanto tiempo en un barco, llevaba pocas horas abordo  me dolía la cabeza y empezaba a sentir un vértigo  conocido, no quería saber cómo iban a ser las doce horas restantes hasta el próximo puerto. Aunque en el fondo creo que disfruto con mis penalidades de viaje.

Ya se ven las últimas luces del pequeño puerto, el oleaje se pone más intenso a medida que se entra en altamar, creo voy a tener mucho tiempo para pensar.

El aire es tibio cae un brisa suave, estoy parado a un costado de la cabina del capitán imaginando manejar la nave. No me he movido de mi sitio desde el abordaje y ahora me doy cuenta que la brisa ahora es una lluvia tropical -no hay rayos aun- siento la ropa mojada, todavía no decido si moverme, no quiero entrar a los camarotes pero no encuentro otra opción, no hay un lugar en los pasillos donde no caiga agua, el ruidoso motor y el vaivén se han vuelto familiares, no hay otra opción que entrar a los camarotes.

No había observado a los compañeros de viaje, imaginaba que  la mayoría de pasajeros  eran  nativos que encontraban en esa ruta  una alternativa para llegar a sus poblaciones. En el barco habían doce camarotes en dos áreas relativamente pequeñas, al entrar lo primero que sentí fue un olor, un aroma que me golpeo los sentidos cerré los ojos para concéntrame lo había sentido antes, me recordaba un pasado lejano.

Podía ver por la pequeña ventana los rizos del mar cuando el barco lo surcaba, reflejado por los rayos de la tormenta que parecía llegar, me había acomodado a tientas entre la oscuridad del camarote y me dedicaba a ver por la ventanita hacia el negro mar.

Deje de mirar el rizo del mar que nuevamente me mareaba, respire profundo mirando hacia el interior,  estaba oscuro y no podía ver a los demás pasajeros en los otros camarotes. En ese momento  volvió el aroma,  un perfume de mujer  que me hacía recordar tiempos pasados, respiraba profundo para nuevamente sentir el aroma, trate de seguir el rastro, mientras intentaba ver con la poca luz que entraba por momentos, el aroma era tan sutil que no me podía imaginar una de las nativas con su exuberante cuerpo, solo veía sombras.

Pequeñas ráfagas de luz entraban por momentos que aprovechaba para repasar las figuras, pero algo me decía que ese aroma venia de la persona que estaba frente a mí, la figura estaba de espaldas no podía distinguir si era un hombre o una mujer, trataba de ver la curva de la cintura pero la pose que tenía ocultaba toda curva, se giró un poco y nuevamente me llego el aroma.

Me quede absorto mirando sus formas, todavía no podía identificar alguna femenina, mis ojos ya  acostumbrados a la oscuridad veían sus pies pequeños y delgados, esperaba que cambiara su posición en cualquier momento, no se había movido en varios minutos, pasaban segundos eternos mirando entre sombras aquella figura que solo podía imaginar por su aroma y sus pies.

Entre el ruido del motor trataba de oír su respiración, con una ráfaga de luz pude ver que llevaba un pantalón que parecía camuflado y una camiseta negra, en ese momento giro suavemente mostrando el perfil de sus senos, su piel blanca se iluminó con un haz de luz pasajero, eran ráfagas de luz que me impedían verla completamente, su gran cabellera negra tapaba parte de su rosto,  la imaginaba tan bella como el aroma que emanaba.

Deseaba que estuviera despierta, que me estuviera observando, en un momento con un nuevo giro quedó  frente a mí, su cabello cubría todo su rostro menos la punta de su nariz, pude ver sus labios entreabiertos, ya no me molestaba el vaivén  del barco.. Sabía que  no iba a dormir.

Mostraba su silueta de amplias caderas y pequeña cintura. El calor había disminuido, no sé cuánto tiempo ha pasado tal vez unos minutos, tal vez  horas desde que había empezado a verla, el tiempo parecía detenido.

¿Cómo conocerla? ¿Quién era? ¿Por qué no la vi al abordar? Me preguntaba, mientras la seguía mirando entre ráfagas de luz, cuando se iluminaba cada parte de su rostro y de su cuerpo, la iba descubriendo poco a poco, conociéndola en cada pliegue de su ropa, en cada centímetro de piel, en sus gestos dormidos.

Disfrutaba el  ritmo armónico de su  respiración que se acoplaba con el mío, imaginé sentir el latido de su corazón, su respiración, hasta sus sentimientos alineados con los míos,  oía mi corazón latir como si fueran uno solo con el de ella, la  soñaba mirándome con una  sonrisa en sus ojos, contándome su vida, mientras los míos se habían secado de tanto observarla, agazapado como un felino vigilando su presa.

Me parecía conocerla, como si alguna otra noche hubiera dormido con ella. Mi mirada la acariciaba mientras ella se movía como si sintiera mis manos recorriéndola. Afuera se sentía aumentar la tormenta entrando  por instantes una luz azul que iluminaba todo, no sentía miedo de la tormenta, esta me alegraba cuando por instantes me mostraba su rostro con los ojos y labios apretados  dándole un semblante atemorizado.

Entraba la luz, dos, tres segundos lo seguía el ruido ensordecedor de los truenos, me imaginé abrazándola por la espalda, besando su cabello, era tan real, que ella fue tomando la forma de mi cuerpo y sus movimientos se hicieron más relajados.  Seguí intentando calmar su ansía, soñando que me correspondía en un  abrazo, en ese momento entro nuevamente una gran luz, vi sus ojos mirándome y su boca apretando una frase que no dijo, la luz duro un segundo más y pude ver totalmente su cara, sus ojos no parecían de miedo, me miraban fijamente….

Poco a poco se fue calmando la tormenta, volviendo una  aparente calma, fría y húmeda, no había vuelto a ver su rostro, pero sabía que ahora ella era la que me miraba desde su oscuridad, no veía sus ojos pero los imaginaba acariciándome de arriba abajo, la sentía como me abrazaba en su imaginación, sentía su boca buscando la mía, era su juego malvado, era el juego que yo había inventado para ella.

La veía inmóvil como si estuviera planeado su siguiente movimiento, su mirada lejana me traspasaba adivinando mis pensamientos. Poco a poco me sentía más cansado, por momentos  dormí,  aun así despertaba para seguir viéndola inmóvil con su rostro fijo en mí. Recordaba su rostro hermoso, su boca pequeña, abría  un ojo intentando no dejar de ver su silueta en la oscuridad.

Finalmente tuve que haberme quedado dormido, desperté placido sin sentir el vaivén del barco, dormí otra vez, tapando con mi gorra la luz del día que entraba por todas partes. Nuevamente me desperté sobresaltado buscando la mujer que me había hechizado con su aroma la noche anterior, no había nadie, el camarote estaba vacío, salí rápidamente a la cabina del capitán, tampoco encontré a nadie, el barco estaba silencioso, amarrado a un muelle, mire de lejos y vi la tripulación del barco que me llamaba, salte del barco con mi maleta y corrí aprisa para preguntar por la mujer desconocida.

El capitán me contó de ella, no vivía en el país había venido en una misión médica y volvía a su casa, había partido hace media hora a un pueblo cercano que contaba con aeropuerto, pregunté a qué hora era el vuelo y donde estaba el aeropuerto, me dijeron que era lejos de donde estaba, ya tenía más de media hora de ventaja.

Pregunte por ella nuevamente al Capitán, parecía que la conocía, él me contó poco, dijo que era una mujer muy hermosa y solitaria con un trabajo en la misión médica de las comunidades de nativos, llevaba varios meses y no sabía si iba a volver, yo tampoco pensaba volver muy pronto a esas tierras, es más, no creía que lo hiciera nunca mas.

Esperé con paciencia un transporte esperando  llegar a tiempo hasta el aeropuerto, me vi riéndome con nervios de mi temerosa aventura, en un moto taxi por una carretera destapada me llevaron al pequeño aeropuerto, solo había un vuelo por semana a la capital y ese vuelo era  hoy,  entre al aeropuerto que parecía un mercado, habían cajas con plátanos, yucas, gallinas, pescados, ladrillos, cemento, herramientas.

Me filtré entre la gente  buscando quien me dijera si ya había salido el avión, en ese momento pude ver la cola del pequeño ATR y la fila de pasajeros que estaban abordando, me dirigí hasta la ventana más próxima, al fondo de la fila vi una gran mochila de explorador y unos pantalones camuflados, intente pasar por el filtro hasta la salida a la pista pero los guardias me lo impidieron, no podía apartar la mirada de ella, la veía caminar lentamente en la fila con su pesada carga, la imaginé de nuevo mirándome, en ese momento volteó a mirar hacia mí, llevaba unos lentes oscuros, su cara se veía triste, miraba buscando algo pero estaba muy lejos de mí, no creí que pudiera verme entre la multitud, levante la mano en un intento que me reconociera, pero volteó nuevamente subiendo por la escalerilla, yo quede con la mano arriba esperando que ella pudiera verla desde el avión, cerraron la puerta y este se puso a rodar por la pista, rápidamente se elevó perdiéndose entre las nubes. Había empezado a llover, me sentía cansado, fracasado…

Me senté en una caja de madera que contenía frutas tratando de recordar su última imagen, agradeciendo el haberla conocido, agradeciendo que quedaría en mi mente por mucho tiempo, pensaba que no había seguido nunca a nadie así,  reía solo recordando mi aventura, recordándola a ella, no la conocía, ella no me conocía, solo tuve su aroma y su alma fue mía por instantes.

Estaba absorto en mis pensamientos cuando uno de los encargados de la aerolínea me preguntó si era uno de los pasajeros del barco que había llegado en la mañana, le dije que si con curiosidad, Me dijo – por la descripción debe ser usted. Y me entregó un papel doblado.

Mi corazón se aceleró, abrí el papel con curiosidad y felicidad de niño. Seguía riendo solo, emocionado por el último regalo de mi aventura.

“Hola desconocido, no sé nada de ti, pero ayer te sentí tan cercano de la manera más extraña, oía tu respiración sintiendo que nuestros corazones latían al tiempo,  te sentí abrazado a mí, descubrí que me recorrías con tus ojos como si fueran tus manos acariciándome, me enseñaste he hice lo mismo contigo, esta mañana no quise despertarte, te veías placido durmiendo  y recordé de pronto  que somos los más completos extraños, sin embargo te siento ahora, siento que me vienes buscando y que posiblemente no lleguemos a vernos o a intercambiar alguna palabra. Así lo prefiero antes de perder la magia de la noche, no trates de buscarme, nuestro momento tuvo que pasar hace mucho tiempo y eso no va a cambiar, solo quería que supieras que….fue mutuo.

Muchas gracias

Tu desconocida”

  • Autor: Jercent (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 31 de agosto de 2017 a las 02:04
  • Categoría: Cuento
  • Lecturas: 34
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