Quizás por su forma de ser tan distraida y su manera tan linda de ignorar cuando se trataba de mi, no se daba cuenta que era como mi medicina, en aquellos días en que todo se derrumbaba y los colores parecían más que grises.
Tal vez no lo sabía, pero me hacía bien, como un café en la mañana o un té para dormir tranquila en la noche.
Juro que lo intenté, pero no podía crecer donde mis hojas arrancaban; Y así, como en el otoño, ellas marchitas cayeron y al mismo tiempo el cariño que le tenía.
Un atardecer desesperada dicidí recogerlas, pero mis brazos estaban colmados y el tiempo los había cansado, miré a mi alrededor y ahí estaba él, siempre había estado ahí, observandome entre lágrimas hacer un último esfuerzo; En ese instante entendí todo, dejé caer mis manos y el viento me rozó suavemente la cara, agradeciendome por esas hojas secas, pero llenas de recuerdos; girando se alejaron en el cielo y me sentí libre, preparada para despedirme de aquel extraño amor.
Le agradecí por todo, y con un último abrazo y un beso en su mejilla, tomé valor y le dije adiós.
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Autor:
Vany (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 18 de mayo de 2019 a las 00:57
- Categoría: Amor
- Lecturas: 38
- Usuarios favoritos de este poema: lazaro sosa cruz, Lualpri
Comentarios2
Lo has expuesto de esa única manera que se puede y se hace: con las palabras justas y a la vez mas sencillas y creíbles. Todo tiene un principio y un final.
Un saludo.
Lázaro.
Graciaas 💖💋
Buenisimo !
Felicitaciones y gracias por compartirlo.
Saludos.
Luis.
Un placer😁
El placer fue enteramente mío !
Gracias.
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