Anduve por aquí... ya me voy por donde he venido.
Cerraron el kiosco de revistas de Belgrano y Moreno, en la esquina
en donde está el Instituto.
Lo cerraron con un candado y hay un letrero que muy claramente dice
“Cerrado definitivamente”, como para que nadie les vaya a rogar que no lo cierren.
La vereda se estrecha justamente porque el kiosco ocupa parte de ella, joder!
Sin más alternativa lo esquivo y esquivo (o trato de esquivar) a dos señoras
(muy señoronas), tres adolescentes (alegres) y un niño con una mochila.
Parecen marionetas al levantar sus manos al unísono para indicarle al conductor
del colectivo marrón que se acerca, que ellos le quieren acompañar en el viaje.
Pienso que con un previo intercambio de opiniones se podía evitar el alzamiento
de tantas manos, con una maniobra de este tipo sería suficiente y, abierta que fuera la puerta,
todos adentro del bondi y a otra cosa mariposa. Así está el país por falta de concordancias.
Enfrente, en la otra esquina en diagonal, hay una peluquería a la que se accede por una
escalera exterior de hierro que ya cruje ni bien se la mire. No me gusta ir a la peluquería
y tampoco subir escaleras, de ahí que solamente fui una vez, enojado porque mi peluquero,
cuyo salón se encuentra a dos cuadras de allí, había cambiado el horario y atendía una hora
más tarde. Lo que tiene de lindo la barbería (ahora las llaman así) de la escalera metálica
es que tiene grandes ventanales y uno puede ver –desde arriba- el movimiento de la gente,
no el de la calle porque la calle no se mueve. Y cambia la perspectiva de la cosa. Ahora a uno
se le escapa una sonrisa cuando ve cómo los transeúntes tratan de esquivar a los futuros pasajeros
del 505 (o colectivo marrón, para mejor entendimiento). Otra cosa llamativa es ver cómo
alguno de éstos baja a la calle para mirar si viene el transporte, como si su accionar pudiese
acortar los tiempos o acelerar la marcha del susodicho vehículo, si es que viene.
Y, volviendo al tema peluqueros, una vez un “coifeur” muy, muy charlatán, me preguntaba
–a mí, cliente nuevo- el porqué de mi distanciamiento de mi anterior corta pelos. Lo abandoné
porque hablaba mucho, le contesté. Desde ese momento el profesional de la tijera se silenció
y solamente se dedicó a lo suyo. Y es lindo escuchar en ese mutismo el chasquido de la tijera o el
zumbido de ese coso que te pasan por la nuca. Me gusta.
En fin, acá andamos pateando letras y tratando de amigarnos con escritos alejados del alma,
que al dolor y al amor no les trate. Mirá vos, como la canción que cantaba Alfredo Zitarrosa
“Becho quiere un violín que sea hombre, que al amor y al dolor no los nombre”.
Y sin embargo, te extraño.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.
- Autor: benchy43 (Seudónimo) ( Offline)
- Publicado: 4 de septiembre de 2019 a las 16:02
- Comentario del autor sobre el poema: Nada. Uno se pone es escribir y sale cualquier cosa. Cariños.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 26
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Aqua Marina
Comentarios1
Muy bueno Ruben.
Un abrazo
M;uchas gracias, amigo Boris.
Abrazos.
Ruben.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.