Poema del espantapájaros

Ellie Woonlon

 ¡Vete, vete de su terreno!

Fecundo y de él digno,

cuyos frutos dulcísimos,

no probarán tu veneno.

 

¡Vete hoy mismo!

De su jardín pionero;

que los portales te sean enemigos,

de hogares desbordantes en helechos.

 

¡Fuera, sombra de carnero!,

plaga de recuerdos en ponzoña,

amenaza latente de espíritu atascadero;

palabrera obnubilada por escoria.

 

¡Vete, vete de su esmero!

El que aguarda su colonia;

las cálidas chimeneas de invierno,

y los bulliciosos veranos en la costa.

 

¡Que te vayas de su vista!

Si la  desilución le destroza;

dijiste ser moza, mujer selectiva.

Tan hermosa cativa y fina boca,

ocultaba daga en filo provista.

 

¡Vete, vete de su terrenal vida!

¿Que no ves las espinas que solloza?,

clavadas en piel de amante deshojado.

Y que por llenar tu cáliz plateado,

casi se nos va él, con viento en popa,

al descanso eterno en tu sanguinario rosal.

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