Lengua bífida-.

Ben-.

Calla, calla, tapa tu lengua bífida,

ignora la tensión del arpa fundida

sobre la nieve. Recupera el estado

primigenio, y ofrece a los cauces

derruidos, sangres menstruales de

peces y cortinas. Sobre esos puentes

definitivos, como balsas incandescentes,

se atropellan los moluscos como piedras

de ausencia, brillantes y onerosas, opacas

y venideras. Dentro de tu caparazón de gloria,

un óseo material insiste en tropezar con la noche.

Vil copa del desacato. En las tapias de tu cráneo,

como hocicos posee el agua cuando persiste

en su tóxico nacimiento; en los valses de la tinta

esporádica, y en aquellos ojos de buey, todavía

la sangre estropea sus cánticos de benignidad.

Y un cierto brillo de metal golpeado y flexible,

adquiere tonalidades de barro, cristal como lóbulos

incipientes, cansados. Toros derribados

por la angostura del cielo, sensibles oráculos

por insectos moribundos caídos, y esas altas torres

que vigilan la nocturna aproximación de un barco.

Sin dientes, sin apenas dientes, con idéntico frenesí

a un periódico sin estrellas, buscas el congregado

hielo de los ciclos. Estepa solitaria que hundirá

tus raíces y turberas-.

 

©

 

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