Ojalá asistieras a esta conversación
que inicio en voz baja. Casi poblando el silencio.
Serías mejor recibida que tu persona gramatical
y a mí me costaría menos el trazo.
–Ven, acompáñame.
Rompe esta aparente paz
que me desaparece del centro
de mí mismo,
de todo lo que te quiero decir.
Porque pienso en el camino que ha de recorrer mi palabra
de la mano hasta tu cuerpo,
y tiemblo.
Pero no es miedo, sino la consciencia de una derrota futura:
porque hay una luz que quiere salir,
una que quiere abarcar el espacio y mantenerse,
para que yo me limpie la cara y abandone este cuerpo de duda.
Para que todo aquello de lo que soy posible llegue a ti igual de claro.
Una luz que, sin embargo, ya sé que se quedará
en esa dimensión imposible del deseo.
No. No es miedo. Es una especie de impotencia lingüística.
Que se junta a una soledad tristísima, mientras dura
y transita tu nombre
y sus incontables acepciones
por mi escritura.
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Autor:
asegura1617 (
Offline)
- Publicado: 3 de enero de 2025 a las 14:30
- Categoría: Triste
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Josué Gutiérrez Jaldin, EmilianoDR, Mauro Enrique Lopez Z.
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