“Un ave invisible sigue tus pasos,
cómo te siguen las estrellas.
Los pájaros giran
sobre las viñas, las uvas
pequeñas perlas dulces del sol
embriagan el pensamiento de sus alas.
Un espantapájaros,
Un vigilante que solo existe
para los gorriones.
Un habitante deambula en la ciudad,
¿Cuántos maniquíes inertes
desvían su caminar?
En el desierto un ave carroñera gira
mientras un hombre solitario mira un oasis,
espera,
hasta que sigue otro camino,
el ave desaparece, el errante,
ha encontrado su camino.
¿En la ciudad, cuantos habitantes
buscan el oasis?”
El buitre cierra los círculos de su vuelo,
el joven,
percibe su sombra y la brisa,
en su emoción contenida y dispersa,
“¿Me observas y agrietas
por mi vulnerabilidad y debilidad?”
giraba como un gurú
que guía tu caminar.
Comprendió:
que la muerte no acecha
solo vuela, a veces, abre sus alas
te señala con su sombra el camino.
y que vivir es una oración
que despierta tu espíritu.
La vida es preciosa.
porque es breve,
porque es un aprendizaje
porque los círculos y las sombras
son como flores silvestres.
aparecen de improviso,
brotan donde no esperas,
el sendero se pregunta
¿Quién la sembró?
¿Quién cuido su crecimiento
y dedico tiempo?
En el desierto,
cada sombra una enseñanza,
cada paso un desafío.
En la ciudad,
la vida es un círculo abierto
una sombra sin mensaje,
una oración atrapada
entre muro y pavimento.
Incluso en el asfalto hay huellas,
en pequeñas grietas
y al borde un muro
crecen pequeñas flores.
Recuerdan al habitante:
que la vida es breve.
En el camino, una flor…
-
Autor:
OscarCampos (
Offline)
- Publicado: 8 de enero de 2025 a las 07:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., EmilianoDR
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.