(Diecinueve)

OscarCampos

“Un ave invisible sigue tus pasos,

cómo te siguen las estrellas.

Los pájaros giran

sobre las viñas, las uvas

pequeñas perlas dulces del sol

embriagan el pensamiento de sus alas.

 

Un espantapájaros,

Un vigilante que solo existe

para los gorriones.

Un habitante deambula en la ciudad,

¿Cuántos maniquíes inertes

desvían su caminar?

 

En el desierto un ave carroñera gira

mientras un hombre solitario mira un oasis,

espera,

hasta que sigue otro camino,

el ave desaparece, el errante,

ha encontrado su camino.

¿En la ciudad, cuantos habitantes

 buscan el oasis?”

 

 

El buitre cierra los círculos de su vuelo,

el joven,

percibe su sombra y la brisa,

en su emoción contenida y dispersa,

“¿Me observas y agrietas

por mi vulnerabilidad y debilidad?”

giraba como un gurú

que guía tu caminar.

 

Comprendió:

que la muerte no acecha

solo vuela, a veces, abre sus alas

te señala con su sombra el camino.

y que vivir es una oración

que despierta tu espíritu.

 

La vida es preciosa.

porque es breve,

porque es un aprendizaje

porque los círculos y las sombras

son como flores silvestres.

aparecen de improviso,

brotan donde no esperas,

el sendero se pregunta

¿Quién la sembró?

¿Quién cuido su crecimiento

 y dedico tiempo?

En el desierto,

cada sombra una enseñanza,

cada paso un desafío.

 

En la ciudad,

 la vida es un círculo abierto

una sombra sin mensaje,

una oración atrapada

entre muro y pavimento.

Incluso en el asfalto hay huellas,

en pequeñas grietas

y al borde un muro

crecen pequeñas flores.

Recuerdan al habitante:

que la vida es breve.

 

En el camino, una flor…

 

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