Ecos de la nostalgia

MIGUEL CARLOS VILLAR

 

Ecos de la nostalgia

 

Susurros consoladores

de sinceras intenciones se ensalzan,

llevando el alma

hacia cielos por descubrir.

En el crepúsculo de estos pensamientos,

las neuronas despiertan,

encendiendo deseos lúbricos

de una juventud

que se marchita con el tiempo.

 

Sueños fragmentados por los años,

en un último intento, toman la iniciativa

por reconstruir un pasado

donde las primaveras florecían con fervor.

 

Allí,

los cuerpos se entrelazan

al ritmo de deseos carnales,

ahora imposibles de revivir.

Los recuerdos,

teñidos de nostalgia,

buscan rehacer un tiempo perdido,

un rincón de la existencia

donde la pasión y la vitalidad eran eternas.

La realidad se impone,

y lo irrecuperable

se convierte en un eco lejano.

 

Aun así,

entre los destellos del ayer,

y los anhelos del hoy,

nace un consuelo silencioso:

la certeza de que,

aunque marchitos,

los sueños siempre florecen

en el rincón más íntimo del alma.

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