Donde arde la pasión

MAQUIAVELICA


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SONRIE


Hay tierras donde el viento no solo sopla; grita. Donde la nieve no solo cubre el suelo; sepulta memorias. Allí, entre montañas salvajes y ríos indomables, crece una pasión más feroz que la misma naturaleza. Un lugar donde los caballos galopan con el eco de corazones rotos y los lobos aúllan nombres que el tiempo no logra olvidar.

Tristan. Nombre de eco antiguo, de alma marcada por la guerra, por el amor y la pérdida, por un fuego que arde en silencio detrás de unos ojos salvajes. Él no pertenece al mundo ni a nadie, solo al viento que lo arrastra y al dolor que lo sostiene. Es un hombre hecho de cicatrices, algunas visibles, otras tatuadas en el alma. Corre de lo que ama porque amar significa perder, y él ya ha perdido demasiado.

Susannah. Belleza que no es solo de rostro, sino de presencia, de esa forma en que un suspiro puede alterar el curso de una vida. Ella es la calma y la tormenta, el anhelo de lo que podría haber sido, la fragilidad que desafía la brutalidad de la tierra. Ama a Tristan no por lo que es, sino a pesar de lo que es. Y eso, quizás, es su mayor tragedia.

En el corazón de esta historia, la familia es un lazo que no une: ata. Un padre que lucha por mantener un legado que se deshace entre los dedos, como arena arrastrada por la corriente. Hermanos que se aman y se odian con la misma intensidad, porque a veces el amor más feroz es también el más destructivo.

Guerra. No solo la de trincheras y sangre, sino la interna, la que no se libra con balas sino con recuerdos. La que mata en vida, dejando cuerpos que caminan sin alma. La que transforma a los hombres en fantasmas que respiran.

El amor en "Leyenda de Pasión" no es un refugio, es un campo de batalla. No hay victorias, solo cicatrices. No hay finales felices, solo finales inevitables. Porque hay historias que no se escriben para ser justas, sino para ser sentidas. Historias que arden, consumen, y dejan solo cenizas… pero cenizas que aún guardan el calor de lo que fue.

Y al final, en ese vasto paisaje donde el sol se pone rojo como la sangre derramada, donde los espíritus caminan junto a los vivos, queda la certeza de que algunos amores no mueren; simplemente se transforman en leyenda.

 

 

 

 

 

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Comentarios +

Comentarios1

  • Santiago AlboHerna

    aunque no solo sentir es recordar

    • MAQUIAVELICA

      Ha veces el pasado, no permite avanzar, el vivo recuerdo siempre nos jala a regresar.



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