Angel

Marvin Ramirez



Te escribía versos y poemas, cada palabra un suspiro de amor,

sin darme cuenta de que tú, mi ángel,

estabas escribiendo el poema más hermoso en las páginas de mi alma.

Un poema tejido con hilos de besos y caricias,

cada toque una estrofa que resuena en lo más profundo de mi ser.

 

Pero ahora,

esos besos que una vez fueron estrellas fugaces en mi piel se han convertido en cicatrices indelebles en el paisaje de mi corazón.

Marcas que cuentan la historia de un amor que ardió con la intensidad de mil soles,

pero que ahora solo deja un rastro de cenizas y nostalgia.

 

Ese poema que escribiste en mi alma,

con tus manos que acariciaban y tus labios que susurraban promesas,

es un secreto entre dos.

Lo creaste en los momentos en que me atreví a desnudar mi alma delante de ti,

a mostrarte mis miedos y mis sueños, mis anhelos y mis vulnerabilidades.

 

Tus dedos, con su toque suave y delicado,

se convirtieron en plumas que trazaban versos en mi piel,

en mi corazón, en mi alma.

Despertaste en mí emociones que nunca antes había conocido,

me hiciste sentir vivo, amado, completo.

 

Y aunque ahora el dolor de tu ausencia es una herida abierta que supura en mi pecho,

ese poema que escribiste en mí seguirá vivo en mi memoria,

en cada latido de mi corazón, en cada respiración que tomo.

 

Porque te amaré más allá del tiempo,

más allá de la distancia, más allá de la muerte.

Te amaré hasta que la última rosa se marchite,

hasta que el último suspiro escape de mis labios, hasta que mi corazón deje de latir.

 

Y aunque te fuiste para siempre,

aunque nuestros caminos se hayan bifurcado, siempre serás mi ángel,

el autor del poema más hermoso que jamás se haya escrito en mi alma.

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