Hay manos que saben ser tibia morada,
que abren la palma cual nido sutil,
te dejan al viento, te dan la jornada,
te prestan el cielo y tienen un tierno beso febril.
Te miran surcar los confines del alba,
con ojos que entienden que amar es soltar,
mas saben que, cuando la vida se empalpa,
regresas deshecho, con ansias de hogar.
Y otras hay, torvas, voraces, mezquinas,
que fingen abrigo, que tienden la piel,
que cierran la garra, hasta dejarte en ruinas,
y ahogan el vuelo con férreo laurel.
Te quieren pequeño, doblado, silente,
sin alas, sin sueños, sin luz que encender,
te esperan, paciente, con un amor tenso,
que solo es cadena sin querer ceder.
¡Bendita la palma que acuna y respeta!
¡maldito el puño que encierra y destruye!
pues más que los gritos, más que la grieta,
se muere en la jaula el alma que huye.
Hijos, elijan su nido con juicio,
huyan del puño que quiere apretar,
que el dulce dominio no es más que un suplicio,
y el falso cariño se torna en un penar.
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Autor:
El Corbán (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 11 de febrero de 2025 a las 14:43
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, William26🫶, EmilianoDR, Mauro Enrique Lopez Z.
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