Fachada

Dayno Pollmar

Acostado en la cama,

Protegido por los trozos

De una frazada naranja agujereada,

la piel roja, roja, roja,

Abollada, vapuleada, Transformada

Clamando el junte de ropas,

Observando ese suéter azul

Al fondo del perchero,

Arrugado, manchado e incluso maloliente,

Indeciso a usarlo

En lugar de su prenda

Limpia, hegemónica bien planchada.

 

Ya ahora con saco,

Pantalones a medida,

Calzado del cuero más cotizado,

Se ordenaba de a poco la corbata,

abrocha cada botón del saco,

Índice, pulgar y corazón

A máxima cautela,

Tan elaborado, como esa XL

Con unos cm más del talle buscado.

 

A paso apresurado,

Se dirige a la estación,

Callado, a paragua en mano,

Listo para el torrencial

Que desde el 15 preveía 

Que llegaría pronto.

 

Con buena hora, 

Se acercaba a los rieles

A la llegada de su transporte,

Un chirrío imponente pero breve

Fue para él la luz verde 

Para acceder al vagón,

Y al cerrar las puertas

Partió la locomotora.

 

Su cara fue alcanzada

Por una pequeña gota de lluvia,

Capaz por el viento 

O al cerrar el paraguas,

Hurgó en el bolsillo de su saco 

Y no estaba,

La toallita acomodada 

Perfectamente de forma triángular en su saco

No estaba,

Tras dos respiraciones exaltadas,

Limpió la gota con el meñique 

De su mano liberada.

 

Bajó del vagón 

y notó que el mar de gotas 

Había cesado,

Salió de la estación 

Y siguió su camino,

En uno de los reflejos de los charcos

Dejados por la lluvia,

Se percató de lo desaliñado

Que estaba su cabello,

Intentó hacer caso omiso

Y siguió su curso.

 

El nulo sonido de su reloj 

Lo puso alerta,

Había dejado de funcionar 

Hace 10 minutos y 1 segundo,

Al límite, pidió un taxi

Y pidió ir a toda prisa,

Para a par de cuadras

Frenar por la interminable fila,

Arrojó el dinero abrió la puerta del auto 

Y corrió hacia el este 

Mientras los charcos curtían

Sus pantalones, 

Ni hablar del cuero del calzado 

 

La camisa arrugada

Y el saco con algunos botones menos

Devaluaban el estatus 

del que se jactaba.

 

Transpirado, con el corazón a mil

Fuera de tiempo

A vista de todos era juzgado,

Por su terrible aspecto 

Pero a fin de cuentas,

Había llegado a su destino,

 

Paso a paso se acercó al ataud,

Suspendido alrededor de flores,

Gotas y otros residuos 

Que habían caído.

 

Se inclinó 14° hacia adelante 

Lo observó 

Y se quedó sorprendido,

Era él, desnudo, echado 

En esa caja de madera

Frío, solo frío,

Tan auténtico como nunca

Yacía allí, el mundo lo había perdido.

 

 

 

 

  • Autor: Dayno Pollmar (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 12 de febrero de 2025 a las 00:56
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 11
  • Usuarios favoritos de este poema: EmilianoDR
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