Acostado en la cama,
Protegido por los trozos
De una frazada naranja agujereada,
la piel roja, roja, roja,
Abollada, vapuleada, Transformada
Clamando el junte de ropas,
Observando ese suéter azul
Al fondo del perchero,
Arrugado, manchado e incluso maloliente,
Indeciso a usarlo
En lugar de su prenda
Limpia, hegemónica bien planchada.
Ya ahora con saco,
Pantalones a medida,
Calzado del cuero más cotizado,
Se ordenaba de a poco la corbata,
abrocha cada botón del saco,
Índice, pulgar y corazón
A máxima cautela,
Tan elaborado, como esa XL
Con unos cm más del talle buscado.
A paso apresurado,
Se dirige a la estación,
Callado, a paragua en mano,
Listo para el torrencial
Que desde el 15 preveía
Que llegaría pronto.
Con buena hora,
Se acercaba a los rieles
A la llegada de su transporte,
Un chirrío imponente pero breve
Fue para él la luz verde
Para acceder al vagón,
Y al cerrar las puertas
Partió la locomotora.
Su cara fue alcanzada
Por una pequeña gota de lluvia,
Capaz por el viento
O al cerrar el paraguas,
Hurgó en el bolsillo de su saco
Y no estaba,
La toallita acomodada
Perfectamente de forma triángular en su saco
No estaba,
Tras dos respiraciones exaltadas,
Limpió la gota con el meñique
De su mano liberada.
Bajó del vagón
y notó que el mar de gotas
Había cesado,
Salió de la estación
Y siguió su camino,
En uno de los reflejos de los charcos
Dejados por la lluvia,
Se percató de lo desaliñado
Que estaba su cabello,
Intentó hacer caso omiso
Y siguió su curso.
El nulo sonido de su reloj
Lo puso alerta,
Había dejado de funcionar
Hace 10 minutos y 1 segundo,
Al límite, pidió un taxi
Y pidió ir a toda prisa,
Para a par de cuadras
Frenar por la interminable fila,
Arrojó el dinero abrió la puerta del auto
Y corrió hacia el este
Mientras los charcos curtían
Sus pantalones,
Ni hablar del cuero del calzado
La camisa arrugada
Y el saco con algunos botones menos
Devaluaban el estatus
del que se jactaba.
Transpirado, con el corazón a mil
Fuera de tiempo
A vista de todos era juzgado,
Por su terrible aspecto
Pero a fin de cuentas,
Había llegado a su destino,
Paso a paso se acercó al ataud,
Suspendido alrededor de flores,
Gotas y otros residuos
Que habían caído.
Se inclinó 14° hacia adelante
Lo observó
Y se quedó sorprendido,
Era él, desnudo, echado
En esa caja de madera
Frío, solo frío,
Tan auténtico como nunca
Yacía allí, el mundo lo había perdido.
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Autor:
Dayno Pollmar (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 12 de febrero de 2025 a las 00:56
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: EmilianoDR
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