Tu sombra flotaba entre luces veladas,
una silueta sin tiempo, sin peso,
como si el mundo aún no te hubiera inventado.
Te busqué entre los pasillos de mi mente,
en los espejos rotos de la madrugada,
pero el sueño se deshizo en cenizas
antes de rozar tu nombre.
Y entonces, el azar jugó su partida:
allí estabas, de pie, en la orilla de mi realidad,
con la misma mirada que inventé dormido,
con el mismo temblor en los labios.
Dudé.
Si el sueño se había filtrado en el día
o si la vigilia era solo un eco de la noche.
Pero el amor, inconfundible, ardía distinto:
no era fiebre, no era un fuego fugaz,
era un latido antiguo,
un idioma que solo nosotros sabíamos.
Ahora te espero en el borde de la cama,
donde la penumbra cede a la aurora,
donde el sueño aún te retiene.
Abrirás los ojos, ¿verán ellos
que yo también era el de tus sueños?
¿o acaso aún sigues soñando?
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Autor:
Darío Méndez (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 13 de febrero de 2025 a las 09:54
- Categoría: Amor
- Lecturas: 33
- Usuarios favoritos de este poema: Scarlett-Oru, EmilianoDR, Mauro Enrique Lopez Z., ElidethAbreu, Ricardo C.
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