Desperté en una cama extraña, en una habitación impersonal de paredes pálidas. Todo estaba en silencio, salvo por un leve zumbido en mi cabeza. Algo había cambiado. La puerta estaba entreabierta. Salí con cautela, sintiendo la piel erizada, esperando en cualquier momento las manos firmes de los enfermeros sujetándome para llevarme de vuelta a la cama, a las inyecciones, a las voces que me pedían que callara, pero nadie vino.
Seguí caminando por los pasillos del hospital psiquiátrico sin ser detenido. Miradas fugaces de pacientes y enfermeros me cruzaban, pero no parecían verme. Hasta que alcancé la salida. Un hombre de bata blanca me detuvo, pero su voz se confundía con la de la sombra en mi cabeza que repetía: "Mátalo", "No dejes que te atrapen otra vez". Me temblaban las manos. Pero no, aún no, debía salir de allí primero. Lo hice y la ciudad se abrió ante mí, vasta y ruidosa. Autos, luces, personas en todas direcciones. Me zambullí entre ellos, y nadie se alarmó. Pasé desapercibido, como si siempre hubiera pertenecido a este mundo ajeno. Caminé sin rumbo, con el corazón latiendo fuerte, intentando ignorar el eco de la voz que me hablaba.
Luego la vi, era una mujer con uniforme blanco. Sus ojos me miraron por un segundo antes de apartar la vista. Sentí el sudor correr por mi cuello. ¿Me habría reconocido? Mi piel se erizó. La voz volvió a susurrarme. "No dejes que te atrapen otra vez" y te acusen de ese crimen que no has cometido. Esqui..., esquizo.... ¡No, no lo permitiré!
Seguí caminando, buscando entre las sombras un refugio, un lugar donde poder respirar. A lo lejos vi a un viejo conocido, Mario, un antiguo vecino. Me saludó con entusiasmo.
-"¡No puedo creer que te hayan dejado salir!", exclamó con una sonrisa.
Yo asentí, sonriendo también.
-"Sí", le respondí con calma. "Soy un humano normal".
Mientras charlábamos, un hombre con una bata blanca pasó cerca. Mi piel se encendió en un escalofrío. "Ahora", dijo la voz. "Es ahora". Me volvió a la memoria los ojos saltones de aquella mujer mientras sonaba su tráquea bajo mis pulgares. Eran muy bellos, como los de mi madre mirando al techo fijamente, quizá mi padre la quería así, eternizada. Se lo expliqué una y otra vez al juez, pero no me entendió que solo quería agradar a mi padre cuando le decía:
-¿Cuándo será el día que me deshaga de ti?
Pero Mario hablaba y reía, y yo me quedé inmóvil, intentando recordar cómo se suponía que debía comportarme. Lo saludé con un gesto rápido y me alejé. Caminé, doblé esquinas, esquivé miradas. La voz seguía susurrando.
Y así sigo, deambulando por las calles. La gente me ve, me saluda, me sonríe. Pero no saben. No pueden saber.
Puedo ser cualquiera. El que lee o el que escribe.
JUSTO ALDÚ
Panameño
Derechos Reservados / febrero 2025
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 16 de febrero de 2025 a las 00:08
- Comentario del autor sobre el poema: Hola compañeros, no tengo ningún mensaje en especial, solo que todos somos personas normales.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 38
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Comentarios4
Querido Justo, me ha fascinado leer que somos humanos normales, las diferencias individuales no pueden alterar nuestra naturaleza.
Humanos y falibles.
Abrazos y feliz noche.
Así es, somos normales, todo depende del punto de vista. Este trabajo lo edité muchas veces y lo saqué en éste portal para evaluar su peso específico. Será punta de lanza en un proyecto a mediano plazo.
Gracias por leer y comentar.
JUSTO
todos somos normales poeta
claro!!
gracias por compartir
"No dejes que te atrapen otra vez" y te acusen de ese crimen que no has cometido. Esqui..., esquizo.... ¡No, no lo permitiré!
besos besos
MISHA
lg
Dice el refrán que de genios y locos, todos tenemos un poco.
En éste trabajo puse a funcionar el ingenio tratando de meterme en la mente de un desquiciado y me alegra mucho que te haya gustado.
Saludos compañera,
JUSTO
Tus letras brillan en el firmamento como si furan estrellas estimado poeta y amigo Justo Aldu
Saludos de Críspulo desde Torrelavega
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias compañero por estar siempre en mis letras. Es un placer tu lectura y comentario.
JUSTO
Maravilloso relato.
Siempre uno es un otro.
Abrazo.
Muchas gracias Patricia por leer y comentar.
Saludos
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