Te oigo perjurar, tan cruel, tan airosa,
con voz de alhelí y puñal en la risa,
que en mi alma no hay huella, que soy brisa insulsa,
fantasma fugaz sin ancla ni prisa.
Mas tiemblan tus labios en muda blasfemia,
se quiebra tu ceño con torpe arrebato,
y en tu pupila, bastarda epidemia,
te arde mi sombra, mi rastro, mi tacto.
Reniegas, oh mártir, con torpe desplante,
mas mira tu carne, que tiembla en delirio,
tu pulso, felón, que en tórrido embuste,
me nombra en su ritmo, me clama en su abismo.
Dichosa impostura la tuya, bien mía,
vestida de mármol, teñida en desdenes,
maldices mi aroma, mi piel, mi osadía,
mas duermes en sueños que llevan mis sienes.
Sigue con tu acto, tu farsa sublime,
prosigue en tu cruz de engaño y despecho,
mas sabe, mi bien, que en hálito impune,
se quiebra tu boca llamándome en tu lecho.
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Autor:
El Corbán (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 21 de febrero de 2025 a las 13:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 17
- Usuarios favoritos de este poema: EmilianoDR, Mauro Enrique Lopez Z., Amanecer, Ricardo C.
Comentarios1
Upsss..
directo certero y sin miedo..
conocedor de la verdad..
Lástima de verdades
porque al igual que ella en su osadía de negarte, sufres ....
Excelente versos cargargados de verdad
Gracias por el tiempo obsequiado, que tengas un bonito día.
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