Ensayo: La Dulce Compañía
Por: Srta. Zoraya M. Rodríguez Sánchez
Seudónimo: EMYZAG
¨Ingrata compañia es la que me está acompañando en ésta mesa¨, se dice don Venancio. Había en la mesa cócteles de frutas de uvas, sandía, naranjas y guineo y en la esquina de la mesa existe la vida de cada quién. Mientras se departía la cena, cada quien habla del ritmo de su propia vida y de su propio destino. Mientras que Don Venancio observa desde la esquina derecha de la mesa a todos por igual, sin importar, razas, colores de pieles, educación, buena dicción o no, y edades. Había en la mesa de todo menos la dulce compañía que siempre le parecía una buena conversación por entablar un buen diálogo. Había en la mesa un surtido de dulces, pero, tan amargos como la misma hiel. Había en la mesa un gran bufet de buenos alimentos, pero, eran alimentos como la carcoma o como la ciguatera que deja entre los ojos un pecado o un vino hecho con los pies, o como las uvas de un viñedo exquisito donde se interpela que son las uvas exquisitas para el vino más placentero que se toma en copas de licores.
Don Venancio observa a la mesa llena de gente. Es una mesa exquisita donde se guarda el más cálido de los más manjares suculentos y donde se alimenta la más hambruna de las hambres en un estómago vacío de tripas. El hambre quedó como el corazón vacío y sin latidos cuando los alimentos quedan en la mesa dejando vacía la mesa y un reguero de platos sucios que ni una sirvienta puede con tanta suciedad. La dulce compañía quedó varada allí mismo en la misma mesa donde se cuece el alma y la esperanza de creer que sus lenguas se alimentaran de buenos alimentos y que sin expresar la cruda verdad en chismosear o hablar de los demás quede la dulce compañía en expresar la herida más sangrante de todos los tiempos: hablar de los demás.
Don Venancio observa a la muchedumbre en la mesa dispuesta a hablar de los demás, pero, existe algo y es la expresión más corriente y más común que en el mismo peor momento. Don Venancio permanece como el trascendental momento cuando la vieja de la esquina de la mesa le expresa acerca de un chisme de pasillo. Don Venancio la observa y la mira y no desea saber nada sino seguir observando a la muchedumbre y al gentío sentados sobre la mesa donde el bufet se enfría y la dulce compañía habla y se expresa tan erróneamente de los demás que la equivocación arde en la hoguera como llama encendida donde se cuecen los alimentos. Y la lengua de la gente quedan adversamente herida como la lengua de una serpiente que con veneno se esparce como escueto sobre la misma mesa donde se alimenta el corazón.
Don Venancio observa que la muchedumbre no se despiden de las personas. Don Venancio observó que la gente se dan cuenta que la gente es maliciosa como lo fue recibir el saludo no es lo mismo que despedirse al final de todos los eventos. Don Venancio se petrificó de espantos cuando la muchedumbre llegó sonriendo a la mesa como la más dulce compañía, pero, en el silencio automatizó la espera inesperada de creer que el mundo sigue igual sin importar que no se despiden como el gran efusivo saludo que se dio al principio. La hipocresía o la amarga sinceridad que doblega siempre a la verdad se cuece de espantos cuando el alma es negra como sus más terribles pensamientos y ahí es que se sabe quién es quién, se dice Don Venancio.
Don Venancio observa que la gente se marcha ya de la mesa. Mientras que Don Venancio observa que la ingrata compañía era una dulce compañía que ardía como la misma hiel o como el sabor más amargo entre los labios. Don Venancio supo algo y fue que la dulce compañía no es como se pinta el dibujo sino como lo que hacen creer con su lengua larga por hablar de los demás a escondidas de sus propias espaldas sin saber ni tan siquiera sospechar que la gente no es lerda sino inteligente y sonriendo como llegaron así en realidad que no se fueron de la mesa dejando a la dulce compañía con el vino hecho con uvas con los pies, con el cóctel de frutas de uvas, sandía, naranjas y guineo, con la ciguatera del pescado que les abrió más los ojos y la boca también y que la carcoma hizo de lo suyo como animal roedor de malas expresiones cuando el buen sabor dejó un amargo sabor entre el qué dirán y lo que no se dijo en la mesa.
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Autor:
EMYZAG (Seudónimo) (
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- Publicado: 26 de febrero de 2025 a las 00:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
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