Había ignorado el peso de su sombra,
el eco de su ausencia,
las cicatrices calladas
que me susurraban inseguridades,
clavándome estacas en el pecho
hasta dejarlo vacío.
Vacío… hasta que tú.
Tú, que llegaste como un suspiro,
como un amanecer después de cien noches sin luna.
Tu voz es el murmullo que calma mis sentidos,
tus manos, el refugio donde mi miedo se rinde.
Y cuando te miro…
oh, cuando te miro,
mis ojos brillan con la certeza
de que amar aún es posible.
Porque en ti, el amor no es abismo,
ni duda.
Es fuego tibio en un invierno frío,
es la vida llamándome de vuelta,
es mi alma rota devuelta a su hogar.
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Autor:
Daira Rodríguez (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 28 de febrero de 2025 a las 02:50
- Categoría: Amor
- Lecturas: 40
- Usuarios favoritos de este poema: Vogelfrei, Lualpri, Poesía Herética, 🇳🇮Samuel Dixon🇳🇮, ElidethAbreu, Ricardo C.
Comentarios1
Sencillamente, hermoso !
Gracias, Poeta!
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