EUGENIA, LA BIEN NACIDA (R.I.P)

EL QUETZAL EN VUELO



Éramos jóvenes, soñábamos con lo absoluto, ingenuos quizá, soñadores también, pero de sentimientos reales. Recuerdo muy bien tu día. Su encuentro, Eran las jornadas de solidaridad con Centroamérica. Teníamos una persuasión del Salvador y festejábamos a la Nicaragua libre y nos fuimos al corte de café… Otros a la alfabetización. Conocer a Ernesto Cardenal, fue la motivación inicial, participar en el proceso también y sucedió el milagro.

 

Llegaste una madrugada de abril al campamento, después de caminar por la noche casi 20 kilómetros, para decirme que la habías encontrado. Sin saber exactamente lo que habías encontrado nos embriagamos de emoción juvenil, cantamos toda la noche, hasta sangrar nuestros dedos y aun sin saber lo que habías encontrado, pero había la certeza de que valía la pena. Intercambiamos esperanza, el brillo y emoción de tu cara lo decía todo.

 

A la mañana siguiente, llego ella. Una chavalilla, menuda, de pelo muy negó y dientes más blancos que el marfil. Todos íbamos de la sorpresa al asombro, cundo la presentaste como tu señora. ¿Casado a menos de12 horas de conocerla? e inicio el romance que le faltaron solo seis poemas para cumplir medio siglo de amor de aquel incendio que nació de una chispa de los ojos negros? Era bella y el verde olivo le sentaba bien. Era la bien nacida.

 

La hicimos mexicana, la hicimos nuestra hermana. Tú casa. Mi casa. Tus sueños, los míos y ahora que el dolor de su partida nos parte como rayo. No sabemos qué hacer. No estamos seguro de lo que sigue. Que puerta abrir. A dónde ir. En donde nos esperara. En que estrella de la amplia constelación aguardara al compañero, mientras llega la eternidad, para completar el medio siglo que nació aquella tarde, que sus miradas se cruzaron y sucedió.

 

Recuerdo el festival de despedida de los brigadistas. Debió ser triste despedirnos de los compañeros y de esas tierras. Sin embargo, la embriaguez de tu alegría y del amor de Eugenia, nos duró casi cincuenta años. Hoy debí decir unas palabras de despedida al ingresar su cuerpo al campus. No tenía palabras, ni llanto y mi alegría tenía algo de esperanza. No somos eterno y siempre es mal momento para partir, ¿pero porque ahora?

LENNOX

EL QUETZAL EN VUELO.

 

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Comentarios +

Comentarios1

  • ElidethAbreu

    Como duelen las despedidas que Lennox, nos quedan los recuerdos y las palabras no dichas las enviamos en poemas.
    Abrazos y gracias por compartir este poema y el video me fascina.



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