La sonrisa apareció,
breve y eterna,
como un relámpago que ilumina
el instante antes de la tormenta.
Nos miramos,
y en tus ojos el mundo se deshizo,
se recomponía,
era un juego de espejos y sombras,
de palabras que flotaban
en el aire quieto de lo no dicho.
Eras más bella, más mujer, más mía,
y yo,
un náufrago en tu mirada,
me escondí tras la sonrisa,
escudo frágil,
último refugio
de quien sabe que el deseo
es un fuego que consume
sin dejar cenizas.
Quise abrazarte,
unir nuestros labios en un silencio
que hablara más que las palabras,
pero la decencia,
ese muro invisible,
me detuvo.
Huí,
pero llevé contigo
la semilla de un sueño
que crece en la oscuridad.
Ahora,
en la monotonía de los días,
tu recuerdo me incita,
me provoca,
me llama con señales de humo
que se desvanecen antes de ser leídas.
Pretendo ignorarlas,
pero el río de lo cotidiano
esconde un monstruo
que aguarda en las profundidades,
silencioso,
inmóvil,
negándose a emerger
aunque el sacrificio lo reclame.
Te amaré en secreto,
en la soledad de mis versos,
en la sombra de mis pensamientos.
Disfrutarás sin saberlo,
y yo te bendeciré con mi alma,
jugando en tu cuerpo
como un fantasma que no toca,
pero que habita en cada respiro.
Matarás la ilusión,
pero en el fondo del río,
donde el monstruo aguarda,
sabrás que algo quedó,
algo que no se nombra,
algo que no se olvida.
La sonrisa desapareció,
pero su eco permanece,
vibrando en el aire,
en el silencio,
en la memoria de lo que pudo ser
y nunca fue.
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Autor:
Hermann Garcia (
Offline)
- Publicado: 4 de marzo de 2025 a las 17:16
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 16
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, JAGC, EmilianoDR
Comentarios1
Las imágenes de tus versos transmiten, me ha gustado pasear por ellos.
Un saludo 🌹
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