Su voz

OscarCampos

 

Hay ríos fugaces

llegan al mar cuando se les deja pasar,

pero nunca tocan la orilla

que no los espera.

Así todo queda atrapado

en el puño del consentimiento.

 

Las hojas pequeñas flotan sobre el rio,

se pierden en sus voces,

¿Quién las escucha?

Una flor no elige el jardín,

un niño no pide nacer.

 

Deciden su camino,

pero es el niño quien paga,

el precio de las huellas.

 

Un pétalo sobre una roca:

“La infancia es una semilla

que, a veces, demasiado pronto,

le arrancan antes que brote su alma”.

 

¿Por qué el poder ignora la inocencia?

¿Por qué el poder habla de consentimiento,

sí lo olvida cuando se trata de un infante?

¿Por qué la brisa enmudece su voz?

¿Por qué el brote es callado antes de hablar?

 

Una flor no debe pedir permiso

para ingresar a este mundo.

Hubo una vez una oración

hubo una vez un dios,

que tejió con sus manos,

una estrella y un niño.

 

Pero el niño necesita

el consentimiento de la vorágine,

de un rio brutal

para crecer en un jardín

que nunca eligió.

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