“Hierro profundo, acero en el corazón, rostro del eterno, el cielo en lamentación”, fueron las palabras exactas de un viejo del cual vagamente me acuerdo, como si fuera el ayer de hace milenios, como un vago recuerdo que se mezcla con la imaginación de un joven que se dirige al abismo, como yo.
“Eran las montañas del emperador”, dijo, “fue en la batalla de fe donde las cañoneras gritaban y sollozaban, fue la mentira quien con su manto nos cegó, fue la verdad quien nos salvó”, fueron las palabras que recuerdo al presenciar los residuos, las ruinas de lo que alguna vez fue un campo de flores glorioso, donde las trompetas del cielo sonaban y no paraban, donde el creador pinto las montañas con su dedo dorado y las enderezo con su voz con un solo vocablo.
Fue ahí, donde las aves volaban y no paraban, donde las abejas de día danzaban y en rosas se posaban, donde cada año los ciervos pastoreaban y los cuervos se alejaban, donde el hombre no cabía ni su hedor se ceñía, fue ahí donde el mal arremetió, donde el bien y el mal se multiplicaron, se enfrentaron y, al final se hundieron en el abismo que dejaron.
Fue la verdad quien nos dirigió a esto, fue mi abuelo quien me contaba las glorias de lo que fue un pintoresco campo… ahora hallándome en él, junto a su cuerpo quemado, hinchado de heridas, podrido y carcomido por los cuervos, con la sonrisa lamentada y los ojos perdidos. Fue su boca, fue su ultimo aliento quien me conto las historias de cuando todo era verde cual esmeralda, de cuando las aguas eran cristalinas cual el alba estrellada.
Ahora, yo posado sobre lo que sobra contemplo y recuerdo sus palabras, vagamente, como si hace milenios que no las oía. Mas el tiempo sigue y la tierra no se recupera, como si la vida no existiera, como si el dios emperador nos dejara abandonados, como si la verdad por siempre se perdiera.
Mas, contemplo con anhelo al gigante de roca aceroso, con cara de profundo odio destrozado en un profundo hueco en la tierra, “una explosión” me conto, “fue como si el sol estallara”, me parloteo. Lo miro con desprecio pues fue gracias a el por lo cual todo termino, gracias a las innumerables ruinas a su rededor.
De cuando el emperador marcho y al enemigo enfrento, de cuando la fe en el seguía palpitando, de cuando no solo eran las pinturas y esculturas de su cuerpo quien lo recordaban, sino su voz clara y dulce cual supernovas que nos guiaba. Mas ahora… tumbado en el suelo, sediento y harapiento, diría que hasta muerto.
Su calavera tocando el cielo, cual montaña del eterno, su mano conteniendo su espada dorada, apagada hace ya hace tiempo. No hay mas que hacer que contemplar, no hay mas que decir que contar lo que en aquel día paso. Fue como la luz del sol explotando en el alba, miles de estallidos en el cielo, los gigantes de acero volaban y dejaban caer sus lacayos suicidas, pues al caer solo ardían y a mi hogar lastimaban.
Las águilas doradas, que pisaban la tierra, sus picos dorados atacaban al enemigo. Los dragones corpulentos, color rojizo, ceñidos por la mano del emperador, marchaba al son del tambor, mas ahora sus cuerpos destruidos y desmembrados, sus rostros pálidos y corroídos, todo corrompido…
Fueron los demonios, fue el traidor y el hereje quien ocasionaron todo esto. Cuando usaron las almas de todos, cuando las aves y flores se marchitaron y sus esencias se juntaron cual remolino, cuando el señor de todos dio todo, cuando cayó… todos gritaron, unos balbucearon y desmayaron, otros bailaban de risa y de encanto por su logro.
Mas mi abuelo, desdichado y corrompido se sacrificó, pues aun con la ultima gota de esperanza, con sus fuerzas exhalando y cayendo, con su fortaleza destruida… grito y se abalanzo, murió, pero lo logro… todos se fueron. Sus ultimas palabras no recuerdo, pues yo, un simple niño abrazado por mi tierna madre no entendía no entendía el peligro, ojalá haberla abrazado más fuerte, nunca más dejarla ir, recordarla y amarla cuando su corazón latía, antes que la luz del averno la destrozara y mancillara... su risa no recuerdo, su cara tampoco, solo lo que fue su calor materno me mantiene a mi aun cuerdo.
Todo se fue, una luz me abrazo, el fuego sacramental se liberó, el ardor me salvo. No sentí nada, unicamente dormí, para cuando desperté todo había acabado, todo destruido. Mas yo me hayo aquí atrapado, cual fantasma encarcelado, observando el rostro de lo que una vez fue, de lo que pudo ser… ahora condenado a ya nunca más florecer…
Lo que mas deseo es librar al cielo escarlata, oscuro desde ese día, sin luz ni esperanza, deseo su calidez una vez más. Lloro, mas no sirve de nada, grito mas mi voz es áspera y no da para más. demonio unos dirían, monstruo me llamarían… mas yo sé, yo comprendo y quisiera olvidar, aquellos días donde el creador estaba y nos guiaba, antes de mi ser, antes de convertirme en la nada, antes de ser un simple fantasma, fantaseando con tocar y sentir lo que nunca mas va a vivir.
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Autor:
Unsimpleser (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 9 de marzo de 2025 a las 18:33
- Comentario del autor sobre el poema: Se que no es un poema, se que no tiene mucha musicalidad pero espero que les guste:) Contexto: Es básicamente un fantasma recordando las ruinas de un campo de batalla, se que no especifico mucho acerca de la historia, pero ese es el punto, perderse en la imaginación, suponer las cosas, ¿fue una guerra o batalla?, ¿sobrevivió alguien?, ¿Qué fue de la madre?, ¿es acaso todo un sueño de alguien loco?
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 13
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