¿Quién ha venido ahora con su traje azul
y su aire inalcanzable como si hubiera llegado
a despedirse?
Desde esa tarde de errabunda fortuna,
en la memoria sobran los rostros que se hicieron
eternos,
la casa de la infancia se aleja
y desde entonces parece que no hubieran vivido
nunca en ella.
Ayer mi madre me dijo, agarrándome el rostro,
en el día de mi cumpleaños:
“Que viejo estas, hijo mío…”
Y debe ser cierto porque ahora bebo más, fumo,
trasnocho y salgo a caminar
cuando la ciudad esta callada.
Cesar Vallejo escribió alguna vez:
“¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos
a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará
a la de ellas?”
Y yo me pregunto: ¿Porque los padres y los hermanos
suelen hallar los tiempos en que alumbraba la alegría,
mientras uno está solo, prendiendo los mástiles
dorados de su tristeza?
¿Por qué los miro con ese silencio que avanza
desde el otro lado de la sombra,
como si me despidiera de esos rostros encendidos
que no he sabido retenerlos?
Estamos navegando en las mismas aguas, pero
estamos siendo llevados por diferentes corrientes
y no nos damos cuenta que algunos
ya estamos atrapados
por una pesada roca que nos jala hacia el fondo
del río, haciéndonos saber
que no llegaremos nunca a ninguna orilla.
Ignoro como será mi despedida, solo sé de las aves
que ya bajaron a mirarme
desde el olvido de los muertos
y sé del aire que envuelve y soporta a esta isla
de animal distante en que me he convertido.
Mientras tanto seguiré andando como un animalito
perdido en la llanura de su pena.
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Autor:
Matias 01 (
Offline)
- Publicado: 15 de marzo de 2025 a las 07:36
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: EmilianoDR, alicia perez hernandez
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