El amor de Dios llegó a mi vida
Como un río de luz inundó mi alma,
me enseñó el misterio de ser dos en uno,
le dio sentido a las palabras sagradas
que antes parecían un eco sin dueño.
En su abrazo supe lo que es el amor,
no solo el humano, fugaz y frágil,
sino el eterno, el que no tiene sombra,
el que transforma, el que hace nuevo todo.
El amor de Dios abandonó mi vida
O quizá fui yo quien cerró la puerta,
quizá su amor nunca se fue,
pero mis ojos, cegados por la herida,
no pudieron verlo más.
Me enseñó la fragilidad del amor del mundo,
el peso del polvo en nuestra carne,
me mostró lo que Jesús vio en su dolor,
cuando amó a quienes lo negaron.
Pero el amor verdadero nunca se va,
permanece, incluso cuando todo calla,
no es eco de este mundo pasajero,
ni ilusión que se lleva el viento.
Es fuego que arde más allá del tiempo,
es verdad que trasciende la muerte,
pues lo que nace del corazón de Dios
permanece por toda la eternidad.
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Autor:
Siempre Juntos… (
Offline)
- Publicado: 15 de marzo de 2025 a las 23:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez
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