Sutil

OscarCampos

 

En el árbol,

las cerezas murmuran a la brisa,

“Los frutos no necesitan vitrinas”

Y responde el cerezo:

“En la naturaleza no hay modas,

 solo el fluir de un rio continuo”

 

Una mañana,

los transeúntes se detuvieron,

las vitrinas amanecieron vacías,

la incertidumbre como un reflejo hondo,

buscó en los escaparates,

pero no había preguntas ni respuestas,

ni rostros, luces o huellas.

¿Qué hacer? ¿Qué sigue?

 

La ciudad,

perdió su reflejo,

atrapada en su propio silencio

 liquido,

sin la llama fugaz,

que cada día alimentaba

el placer de lo efímero y lo nuevo,

¿Qué harán sin diferencias?

 

Una noche,

el maniquí eligió la desnudez,

decidió renunciar al placer,

que despertaba sin palabras,

 

Desnuda:

¿Para que vestir si solo

era un deseo fugaz?

 

¿Qué debemos desear ahora?

preguntó un habitante,

 pero el maniquí calló,

nunca tuvo voz, solo espejismo

eligió, no ser un reflejo ajeno,

sino esencia.

 

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