… voraz, veloz e inaprehensible viene y surge en luz y guerra
un pálpito de amor;
y así, ingente, sin aviso abre puertas, remueve, incendia y derriba entablamentos,
enloquece sangres y marcha cual dios que hubiese de crear un universo
sin divinas ciencias, sin faz ni magnitud;
¡ y ay, ay de mí las veces que lo oí…!
… y el pecho es ante él cebolla blanca, miel o cera, ámbar, y pétalos de azafrán los ojos,
mostrándose el mar cual flanco absolutamente abrasador, sin piedad ni ley;
por tanto, cuando de pronto se ausenta o desaparece y queda el corazón entre sierpes y sombras,
entre cuchillos y harapos, y pregunta o maldice el porqué de las horas y las noches de plomo,
ah, entonces, vaciado el cuerpo, comido o dañado,
todo en él se torna - cual ya hemos dicho - voraz, veloz e incomprensible, una lóbrega guarida
de sierpes y de sombras, de harapos tiznados y cuchillos;
y ay, ay de mí, las veces que hube de morir de frío por eones, edades y épocas,
ay, ay de mí;
... y miradme, miradme hoy,
mis iris son, aún, de mármol y canela.
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Antonio Justel Rodriguez/Orión de Panthoseas
[Publ. “Todos los fuegos”: Casa del libro – Amazon]
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Autor:
Orión de Panthoseas (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 20 de marzo de 2025 a las 16:00
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Gemel@, Mauro Enrique Lopez Z., EmilianoDR, ElidethAbreu, WandaAngel, alicia perez hernandez
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