En un jardín silvestre crecen las florecitas,
entre ellas un brote estira sus hojitas,
mientras todos son capullos nadie sospecha,
pero en algún momento tiene que dar frutos la cosecha.
Digamos que el brote no se sentía fuera de lugar
mientras veía a sus compañeros florecer,
y aunque ella aún no daba señales de crecer,
creía que no era algo anormal,
hasta que un día escuchó como se fijaban en su falta de pétalos,
eso le dolió, pero solo se dijo a sí misma
“Ya déjalo”.
Al pasar las lluvias se mira en un pozo
“Oh, ¿por qué no seré bonita?”
De a poco se acentúa su curvita,
sus hojas no son tan prominentes,
pues evita ser notada,
¿pero cómo hacerlo en un lugar lleno de miradas?
No fue fácil y hasta comenzó a creer que era una maleza,
si al final sus pocas ganas se confundieron con pereza.
Pero aguanta un poquito más “maleza”,
que tú no viniste a corromper a nadie en el jardín.
Resulta que no eres una maleza ni alguien tan pequeñín.
Fíjate bien en el pozo como tus hojas siguen creciendo y de a poco brotan tus pétalos.
Eres mucho más que las cosas que se notan por sobre otras.
Y al intentar no brotar más visible te vuelves.
¡Vamos que tú puedes pequeño girasol!
Que un día saludarás al sol.
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Autor:
Cali (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 21 de marzo de 2025 a las 14:56
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 31
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